El Desfile Negro.
Todo terminó a la velocidad
de un suspiro, el miedo, frío, dolor, los gritos, llantos y lamentos de la madre, el hermano,
amigos y familia. Un suspiró y todo terminó.
Abrió los ojos, sintió la
tierra en el rostro. Vio una mano negra frente a él, levantó la mirada, frente
él estaba una mujer de piel grisácea y vestida completamente de negro, quién lo
ayudo a levantarse. Una vez de pie, vio una masa de personas desfilando hacía
una misma dirección.
Revisó su vestimenta,
todavía tenía puesta la bata del hospital; tocó su cabeza, no había ni un solo
cabello. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? ¿Cómo terminó ahí?
Gerardo no entendía lo que
pasaba, escuchó tambores y trompetas tocando música de marcha. Entre las
personas había acróbatas dando piruetas y domadores con cientos de lobos. Ella
lo tomó de la mano e hizo que se unieran a la masa de gente.
Empezó a desesperarse,
volteó de un lado a otro, las personas que caminaban a su lado estaban pálidas,
la mayoría trían puestas batas de hospital, pero también había personas con
ropa militar o de civiles. Todos tenían la piel gris, algunos tenían el rostro
deformado o heridas en el cuerpo.
Les preguntó dónde estaba o
quiénes eran, pero nadie le contestó, todo caminaban como zombis. Intentó ir
contracorriente o salir de la fila, pero las personas lo empujaban y no lo
dejaban moverse. Estaba atrapado en ese
extraño desfile fúnebre, que se dirigía hacía ningún lugar.
Gritó y empujó, pero anda
funcionaba, no podía escapar. Buscó a su familia y amigos, pero nadie estaba
ahí. Intentó llorar, pero no soltó ni una sola lágrima y cuando palpo su
rostro, lo sintió frío, vio sus manos y de
dio cuenta que también tenía la piel gris. Ya no vestía la bata del
hospital, ahora traía su ropa favorita, tocó su cabeza y sintió de nuevo el
cabello que había perdido meses atrás.
Buscó comprender lo que
estaba pasando, escarbó en sus recuerdos, en lo que pasó minutos antes de
llegar a aquel lugar. De pronto, una luz que surgió del horizonte lo cegó por
un momento. Entonces, tan rápido como un suspiro, comprendió todo.
Sintió una mano que lo
tomaba del hombro, a su lado estaba un hombre vestido de maestro de ceremonias.
Se sonrieron como si fueran viejos amigos, como si Gerardo supiera que aquel
maestro de ceremonias era una visita anunciada tiempo atrás y que por más que
intentó evitar, tarde o temprano llegaría.
—Bienvenido a la eternidad—dijo el maestro de ceremonias. —Bienvenido al Desfile Negro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario