martes, 24 de enero de 2012


El Desfile Negro.

Canción: Welcome to the black parade. -My Chemical Romance-. 

Todo terminó a la velocidad de un suspiro, el miedo, frío, dolor, los gritos,  llantos y lamentos de la madre, el hermano, amigos y familia. Un suspiró y todo terminó.
Abrió los ojos, sintió la tierra en el rostro. Vio una mano negra frente a él, levantó la mirada, frente él estaba una mujer de piel grisácea y vestida completamente de negro, quién lo ayudo a levantarse. Una vez de pie, vio una masa de personas desfilando hacía una misma dirección. 
Revisó su vestimenta, todavía tenía puesta la bata del hospital; tocó su cabeza, no había ni un solo cabello. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? ¿Cómo terminó ahí?
Gerardo no entendía lo que pasaba, escuchó tambores y trompetas tocando música de marcha. Entre las personas había acróbatas dando piruetas y domadores con cientos de lobos. Ella lo tomó de la mano e hizo que se unieran a la masa de gente.
Empezó a desesperarse, volteó de un lado a otro, las personas que caminaban a su lado estaban pálidas, la mayoría trían puestas batas de hospital, pero también había personas con ropa militar o de civiles. Todos tenían la piel gris, algunos tenían el rostro deformado o heridas en el cuerpo.
Les preguntó dónde estaba o quiénes eran, pero nadie le contestó, todo caminaban como zombis. Intentó ir contracorriente o salir de la fila, pero las personas lo empujaban y no lo dejaban moverse.  Estaba atrapado en ese extraño desfile fúnebre, que se dirigía hacía ningún lugar.
Gritó y empujó, pero anda funcionaba, no podía escapar. Buscó a su familia y amigos, pero nadie estaba ahí. Intentó llorar, pero no soltó ni una sola lágrima y cuando palpo su rostro, lo sintió frío, vio sus manos y de  dio cuenta que también tenía la piel gris. Ya no vestía la bata del hospital, ahora traía su ropa favorita, tocó su cabeza y sintió de nuevo el cabello que había perdido meses atrás.
Buscó comprender lo que estaba pasando, escarbó en sus recuerdos, en lo que pasó minutos antes de llegar a aquel lugar. De pronto, una luz que surgió del horizonte lo cegó por un momento. Entonces, tan rápido como un suspiro, comprendió todo.
Sintió una mano que lo tomaba del hombro, a su lado estaba un hombre vestido de maestro de ceremonias. Se sonrieron como si fueran viejos amigos, como si Gerardo supiera que aquel maestro de ceremonias era una visita anunciada tiempo atrás y que por más que intentó evitar, tarde o temprano llegaría. 
—Bienvenido a la eternidad—dijo el maestro de ceremonias. —Bienvenido al Desfile Negro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario