lunes, 16 de diciembre de 2013

La muerte del dios Eros




La decisión de retirarse no era algo que el Amor se había tomado a la ligera, sin embargo, cuando se fue lo hizo en silencio y sin avisar a ninguno de los otros dioses, ni siquiera a su mejor amiga la Locura. A nadie informó sobre su inconformidad, el Amor quería irse a su retiro lo más pronto posible y sin llamar la atención, quería evitar ser detenido.
Por fin se había hartado de como se le trataba, pues lo relacionaron más de una vez con diversos sentimientos impuros como el odio, el rencor o la venganza. Lo que más le dolía era cuando lo satanizaban, dándole la categoría de un demonio. ¡A él! Uno de los dioses más puros y de una categoría extremadamente elevada entre sus hermanos y hermanas.
Estos tratos llevaban siglos, pero a últimas fechas se sentía más y más ofendido. Como cuando la ciencia descubrió aquellas armas básicas utilizadas por el Amor para su trabajo y creyeron haber encontrado el origen del universo. Serotonina y dopamina eran sólo unas órdenes que el dios daba al cerebro humano para hacer su trabajo más fácil, se trataban de un recurso complicado, pues esta arma sólo duraba, a lo mucho, dos años.

Aun así los científicos chaqueteros y obsesivos del trabajo justificaban su misantropía por medio de aquel descubrimiento tan banal. No se daban cuenta, era su falta de contacto humano lo que no les permitía encontrar el amor. Lo peor era el apoyo dado por aquellos cobardes temerosos de volver a enamorarse, decían como pretexto “son las neuronas, ya se me pasará” y así evitaban el riesgo.
Tal vez esto último se debía a que uno de los mayores problemas personales del Amor era su espíritu de adolecente. Es bien sabido por todos, los adolescentes cometen estupidez tras estupidez, pues les encanta experimentar en su búsqueda de cosas nuevas, por eso muchas veces el Amor se había equivocado en su intento por juntar a una pareja que no estaba destinada a congeniar. Esto, sumado a que varias veces y de diversas formas el hombre e incluso otros dioses, habían utilizado al Amor como arma o un medio para alcanzar sus metas y ponían a este dios en una situación delicada.
A pesar de todo, el dios encontraba inaudita la forma como se le trataba y un día simplemente desapareció sin despedidas o avisos. Aun así nadie le dio importancia a este hecho, a decir verdad tardaron en notar su ausencia. Fue hasta pasada una semana, cuando todas las noches, los hoteles de paso comenzaron a llenarse sin darse abasto, los estacionamientos parecían burdeles, las canciones de amor dejaron de ser populares y la gente comenzó a vivir en un estupor irreconocible, que los dioses notaron la ausencia de su integrante más puro.
Sólo el Amor de una madre, pariente cercano del desaparecido, seguía rondando por ahí. Pero sin el Amor Eros, ella simplemente se volvería lastre con el tiempo. ¿Quién más iba a juntar parejas para que formaran una familia? Sólo el Amor Eros  podía crear esa génesis que mantuviera a los seres humanos vivos.
Al darse cuenta de esto, todos los dioses decidieron emprender la búsqueda del Amor. Pasaron meses convertidos en años y  fue hasta la primera década de buscar inútilmente, la Locura encontró al Amor en una isla de hielo, congelado en un enorme bloque de cristal y sin esperanza de volver a inundar al mundo con su magia. Cuando llegaron los demás dioses, se hizo oficial la noticia: el Amor ha muerto.

El acto de despedida fue solemne, conservaron el cuerpo del dios con la esperanza de regresarle sus fuerzas, pero con el paso del tiempo, tanto los dioses como los seres humanos se acostumbraron a estar sin él. Incluso el Amor de una madre aprendió a acoplarse, pues sobrevivía con las migajas de aquellos embarazos de calentura prematura o condones rotos y a pesar de que muchas veces los infantes no llegaban al nacimiento, cuando algún pequeño veía la luz del día, esta diosa hacía acto de presencia por una corta temporada.
Así fue como la Tierra estuvo sin el Amor durante muchos años. Los poemas, canciones y el arte en general ya no hablaban de este sentimiento, en la política dejaron de utilizarlo como arma y aunque muchas veces se usó la carne para cumplir algunos cometidos, nunca volvió a arder una Troya como la de Helena. La venta de condones creció al por mayor, pues la promiscuidad era mucha, el sexo se volvió precoz, pues ya no existía la seducción erótica o amorosa, el deseo de crear un compromiso era nulo  y la tasa de natalidad decayó bastante. Ya nadie lloraba por estar solo, por ser rechazado o confundido y fuera de todo esto, el mundo, tanto terrenal como metafísico, se mantuvo estable sin el Amor.
La  tranquilidad y escases de afecto reinaban en el mundo, pero los curiosos jóvenes comenzaron a tener ciertas inquietudes,  provocadas por las historias de los nostálgicos ancianos, quienes a pesar de llegar a una madurez plena y gloriosa, en su lecho de muerte sentían una soledad inexplicable y se iban de este mundo con una lágrima de melancolía en el rostros, así fue por generación en generación. 
Fue cuestión de tiempo para la llegada de aquella generación digna de la rebeldía juvenil, la que ya no pudo soportar esa inquietud que les invadía y tuvo que ir en contra de las reglas dictadas incluso por sus propios padres.
Los libros de poesía dejaron de ser un mero instrumento de estudio sobre el pensamiento filosófico de la antigüedad y pasaron a ser libros de literatura, hacían pensar a los jóvenes y les despertaban ciertos sentimientos. Incluso existieron aquellos atrevidos que tuvieron el valor de crear sus propias obras.
Hubieron parajes decididas a mantener una monogamia, al principio se burlaban de ellas, luego fueron admirables. Aquellos que mantenían un noviazgo mayor de seis meses eran extraordinarios, ya no se diga de los que duraban incluso hasta años, estos eran un tema de conversación en todas las fiestas.
En las radios se escuchó el renacimiento de la música romántica, la estructura era  simple y las letras contenían metáforas escasas, pero eran dedicadas en todas las preparatorias e incluso universidades. El arte tuvo un renacer amoroso, pinturas, libros, danzas u obras teatrales inundaban el mundo con leyendas románticas.  Se daban peleas por alguna persona en especial o rituales de conquista. Los jóvenes buscaban algo nuevo, el hueco en sus pechos se había llenado.
En los adultos nació el miedo a lo que era desconocido para ellos, la mayoría no tenían hijos y observaban a los jóvenes como una amenaza, la cual debía ser erradicada. El discurso en casa de los pocos padres que no mandaron a sus hijos a un internado era el mismo: “no sabes en lo qué te metes”, “deja ya esas tonterías, sólo te buscas problemas de a gratis”, “cuando crezcas entenderás”, los regaños se repetían una y otra vez en todos los hogares.

Los rebosantes internados habían tomado medidas más severas: castigaban con labores excesivas a todo aquel que fuese descubierto con alguna nota de amor, libros de poesía o discos de música cursi. Incluso algunas estaciones de radio en los países más conservadores fueron sancionadas por pasar estas piezas, las trasmisiones de las canciones se hacían de forma clandestina, de mismo modo los conciertos de las bandas. 
Incluso algunos gobernantes comenzaban a temerle al renacer de esta nueva doctrina, en cambio existían otros países cuyos dirigentes incluso alentaban el renacer del amor. Ideales y pensamientos diversos chocaban en todo el mundo. Algunos pensaban que el sentimiento estaba obsoleto, otros que era, en esencia, necesario e incluso obligatorio para el ser humano. Nadie lograba ponerse de acuerdo cuando se hablaba del amor.
Los dioses notaron este problema entre los hombres, entonces en ellos nacieron los mismos sentimientos encontrados. Algunos deseaban ver qué pasaba, otros decían que el Amor había muerto desde hacía siglos y era mejor mantenerlo así. Luego de varias semanas de discutir el tema, se tomó una decisión: el Amor debía ser eliminado de una vez por todas.

Fueron los tres dioses más sabios y viejos quienes fueron a buscar el cuerpo del Amor, pero cuando llegaron al lugar dónde lo tenían escondido no encontraron nada, una vez más el Amor había desparecido. Sin embargo, esta vez hubo algo en los seres humanos que mantenía las esperanzas con vida, pues ahora, en las canciones, los poemas, el arte en general, los besos y las esperanzas, se sentía el corazón latente del Amor, sediento de manifestarse una vez más.

Texto: Alejandro Rodríguez Castillo.
Ilustaciones: Manuel Guerrero. 

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