La decisión de retirarse no
era algo que el Amor se había tomado a la ligera, sin embargo, cuando se fue lo
hizo en silencio y sin avisar a ninguno de los otros dioses, ni siquiera a su
mejor amiga la Locura. A nadie informó sobre su inconformidad, el Amor quería
irse a su retiro lo más pronto posible y sin llamar la atención, quería evitar
ser detenido.
Por
fin se había hartado de como se le trataba, pues lo relacionaron más de una vez
con diversos sentimientos impuros como el odio, el rencor o la venganza. Lo que
más le dolía era cuando lo satanizaban, dándole la categoría de un demonio. ¡A
él! Uno de los dioses más puros y de una categoría extremadamente elevada entre
sus hermanos y hermanas.
Estos
tratos llevaban siglos, pero a últimas fechas se sentía más y más ofendido.
Como cuando la ciencia descubrió aquellas armas básicas utilizadas por el Amor para
su trabajo y creyeron haber encontrado el origen del universo. Serotonina y
dopamina eran sólo unas órdenes que el dios daba al cerebro humano para hacer
su trabajo más fácil, se trataban de un recurso complicado, pues esta arma sólo
duraba, a lo mucho, dos años.
Aun
así los científicos chaqueteros y obsesivos del trabajo justificaban su misantropía
por medio de aquel descubrimiento tan banal. No se daban cuenta, era su falta
de contacto humano lo que no les permitía encontrar el amor. Lo peor era el apoyo
dado por aquellos cobardes temerosos de volver a enamorarse, decían como
pretexto “son las neuronas, ya se me pasará” y así evitaban el riesgo.
Tal
vez esto último se debía a que uno de los mayores problemas personales del Amor
era su espíritu de adolecente. Es bien sabido por todos, los adolescentes
cometen estupidez tras estupidez, pues les encanta experimentar en su búsqueda
de cosas nuevas, por eso muchas veces el Amor se había equivocado en su intento
por juntar a una pareja que no estaba destinada a congeniar. Esto, sumado a que
varias veces y de diversas formas el hombre e incluso otros dioses, habían
utilizado al Amor como arma o un medio para alcanzar sus metas y ponían a este
dios en una situación delicada.
A
pesar de todo, el dios encontraba inaudita la forma como se le trataba y un día
simplemente desapareció sin despedidas o avisos. Aun así nadie le dio importancia
a este hecho, a decir verdad tardaron en notar su ausencia. Fue hasta pasada una
semana, cuando todas las noches, los hoteles de paso comenzaron a llenarse sin
darse abasto, los estacionamientos parecían burdeles, las canciones de amor
dejaron de ser populares y la gente comenzó a vivir en un estupor irreconocible,
que los dioses notaron la ausencia de su integrante más puro.
Sólo
el Amor de una madre, pariente cercano del desaparecido, seguía rondando por
ahí. Pero sin el Amor Eros, ella simplemente se volvería lastre con el tiempo.
¿Quién más iba a juntar parejas para que formaran una familia? Sólo el Amor
Eros podía crear esa génesis que mantuviera
a los seres humanos vivos.
Al
darse cuenta de esto, todos los dioses decidieron emprender la búsqueda del Amor.
Pasaron meses convertidos en años y fue
hasta la primera década de buscar inútilmente, la Locura encontró al Amor en
una isla de hielo, congelado en un enorme bloque de cristal y sin esperanza de
volver a inundar al mundo con su magia. Cuando llegaron los demás dioses, se
hizo oficial la noticia: el Amor ha muerto.
El
acto de despedida fue solemne, conservaron el cuerpo del dios con la esperanza
de regresarle sus fuerzas, pero con el paso del tiempo, tanto los dioses como
los seres humanos se acostumbraron a estar sin él. Incluso el Amor de una madre
aprendió a acoplarse, pues sobrevivía con las migajas de aquellos embarazos de
calentura prematura o condones rotos y a pesar de que muchas veces los infantes
no llegaban al nacimiento, cuando algún pequeño veía la luz del día, esta diosa
hacía acto de presencia por una corta temporada.
Así
fue como la Tierra estuvo sin el Amor durante muchos años. Los poemas,
canciones y el arte en general ya no hablaban de este sentimiento, en la política
dejaron de utilizarlo como arma y aunque muchas veces se usó la carne para
cumplir algunos cometidos, nunca volvió a arder una Troya como la de Helena. La
venta de condones creció al por mayor, pues la promiscuidad era mucha, el sexo
se volvió precoz, pues ya no existía la seducción erótica o amorosa, el deseo
de crear un compromiso era nulo y la
tasa de natalidad decayó bastante. Ya nadie lloraba por estar solo, por ser
rechazado o confundido y fuera de todo esto, el mundo, tanto terrenal como
metafísico, se mantuvo estable sin el Amor.
La tranquilidad y escases de afecto reinaban en
el mundo, pero los curiosos jóvenes comenzaron a tener ciertas
inquietudes, provocadas por las
historias de los nostálgicos ancianos, quienes a pesar de llegar a una madurez
plena y gloriosa, en su lecho de muerte sentían una soledad inexplicable y se
iban de este mundo con una lágrima de melancolía en el rostros, así fue por
generación en generación.
Fue
cuestión de tiempo para la llegada de aquella generación digna de la rebeldía
juvenil, la que ya no pudo soportar esa inquietud que les invadía y tuvo que ir
en contra de las reglas dictadas incluso por sus propios padres.
Los
libros de poesía dejaron de ser un mero instrumento de estudio sobre el pensamiento
filosófico de la antigüedad y pasaron a ser libros de literatura, hacían pensar
a los jóvenes y les despertaban ciertos sentimientos. Incluso existieron
aquellos atrevidos que tuvieron el valor de crear sus propias obras.
Hubieron
parajes decididas a mantener una monogamia, al principio se burlaban de ellas,
luego fueron admirables. Aquellos que mantenían un noviazgo mayor de seis meses
eran extraordinarios, ya no se diga de los que duraban incluso hasta años,
estos eran un tema de conversación en todas las fiestas.
En
las radios se escuchó el renacimiento de la música romántica, la estructura era
simple y las letras contenían metáforas
escasas, pero eran dedicadas en todas las preparatorias e incluso
universidades. El arte tuvo un renacer amoroso, pinturas, libros, danzas u
obras teatrales inundaban el mundo con leyendas románticas. Se daban peleas por alguna persona en
especial o rituales de conquista. Los jóvenes buscaban algo nuevo, el hueco en
sus pechos se había llenado.
En
los adultos nació el miedo a lo que era desconocido para ellos, la mayoría no
tenían hijos y observaban a los jóvenes como una amenaza, la cual debía ser
erradicada. El discurso en casa de los pocos padres que no mandaron a sus hijos
a un internado era el mismo: “no sabes en lo qué te metes”, “deja ya esas tonterías,
sólo te buscas problemas de a gratis”, “cuando crezcas entenderás”, los regaños
se repetían una y otra vez en todos los hogares.
Los
rebosantes internados habían tomado medidas más severas: castigaban con labores
excesivas a todo aquel que fuese descubierto con alguna nota de amor, libros de
poesía o discos de música cursi. Incluso algunas estaciones de radio en los
países más conservadores fueron sancionadas por pasar estas piezas, las
trasmisiones de las canciones se hacían de forma clandestina, de mismo modo los
conciertos de las bandas.
Incluso
algunos gobernantes comenzaban a temerle al renacer de esta nueva doctrina, en
cambio existían otros países cuyos dirigentes incluso alentaban el renacer del
amor. Ideales y pensamientos diversos chocaban en todo el mundo. Algunos
pensaban que el sentimiento estaba obsoleto, otros que era, en esencia, necesario
e incluso obligatorio para el ser humano. Nadie lograba ponerse de acuerdo
cuando se hablaba del amor.
Los
dioses notaron este problema entre los hombres, entonces en ellos nacieron los
mismos sentimientos encontrados. Algunos deseaban ver qué pasaba, otros decían
que el Amor había muerto desde hacía siglos y era mejor mantenerlo así. Luego
de varias semanas de discutir el tema, se tomó una decisión: el Amor debía ser
eliminado de una vez por todas.
Fueron
los tres dioses más sabios y viejos quienes fueron a buscar el cuerpo del Amor,
pero cuando llegaron al lugar dónde lo tenían escondido no encontraron nada,
una vez más el Amor había desparecido. Sin embargo, esta vez hubo algo en los
seres humanos que mantenía las esperanzas con vida, pues ahora, en las canciones,
los poemas, el arte en general, los besos y las esperanzas, se sentía el
corazón latente del Amor, sediento de manifestarse una vez más.
Texto: Alejandro Rodríguez Castillo.
Ilustaciones: Manuel Guerrero.




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