Estarás
viendo la película y sentirás como un puñado de palomitas impacta contra tu
rostro. Ella reirá y repetirá la acción, la tomarás de los brazos y
contraatacarás, saldrán volando palomitas de un lado a otro. Te dará un beso
sabor cereza, por el labial, con un toque de sal por las frituras. Te acercarás
a su rostro para volverla a besar, cerrarás los ojos y cuando tus labios estén
a punto de tocar los suyos recibirás otro puñado de palomitas en la cara. Abrirás los ojos, ella se estará carcajeando,
la empujarás contra el sillón, enredará sus piernas a tu cintura y la besarás
mientras acaricias su cabello.
Ella
se levantará del sillón, te tomará de la mano y se irán de la sala sin prestar
atención a las palomitas en el suelo ni al televisor encendido, ahora Brad Pitt
habla solo.
Caminarán
por el pasillo que lleva a su cuarto, te abrazará, comenzará a besarte con
ternura. Sentirás como te tiemblan las piernas, los brazos, como te sudan las
manos, se te escapa el aire y el corazón se acelera.
Abrirá
la puerta del cuarto sin despegar sus labios de los tuyos, se acostarán en la
cama y la verás a los ojos; te perderás en su mirada, no escucharás el ruido
que hacen los vecinos del cuarto de arriba, el que hacen los coches de la
avenida, ni las voces de las personas que caminan por la calle y pasan por debajo
de la ventana, nada de eso existe, sólo
existe ella.
La
tomarás de la cabeza, comenzarás a darle un par de besos, suaves, cariñosos,
los besos se alargarán, se harán más apasionados. Comenzarás a recorrer, con la
yema de los dedos, sus brazos, su cabello, irás de su espalda a la cintura y le
quitarás la blusa, ella hará lo mismo. Sus respiraciones empezarán a
acelerarse, comenzarán a arrancarse la ropa, las prendas caerán al suelo hasta
que por fin sientan el calor de sus cuerpos desnudos rozándose el uno al otro.
Ella
despegará sus labios de los tuyos, te besará en el cuello, irá a tu oreja,
susurrará un “te amo”, pasará su lengua por tu lóbulo, la lengua regresará tu
cuello y sentirás como un escalofrío invade tu cuerpo. Recorrerá con sus manos tus piernas hasta llegar
a tu sexo y con esa suave caricia, con ese roce de los dedos que comienzan a
penetrar y con otro tierno beso, te darás cuenta que ya no te importa lo que
piensen los demás. Ya no importan las miradas en la calle, los murmuros en la
escuela, inclusive, algunas miradas de asco de las personas mayores, no importa
que esto esté mal. Pero, ¿quién decide lo que está mal? ¿Tu familia? ¿Tus
amigos? ¿Tu religión? ¿La sociedad? Todos ellos pueden irse a la mierda. ¿Qué
tiene de malo si lo que sientes es amor? Estás enamorada, lo sientes en sus
caricias, sus besos, sus manos tocando tu vulva húmeda, penetrando con cuidado
y sentirás como se paraliza cada fibra de tu cuerpo, sentirás el sudor
bañándote el rostro, el pecho, la espalda; clavaras tus uñas en la de ella.
Y al llegar al
clímax, al sentir como sus almas se fusionan, te darás cuenta que juntas pueden
enfrentar a los padres, amigos, a la sociedad, al mundo. Porque lo que sienten
es un amor puro, un amor verdadero. 
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