miércoles, 15 de enero de 2014

#GuerraMichoana

Son tus lágrimas, hermano,
compañero michoacano,
las que caen junto con balas
que cortaron vuestras alas.

Son las ráfagas de fuego,
trajeron sangre de riego,
se inunda la voluntad
de encontrar la libertad.

Fue rencor, fue la impotencia
de tener tanta violencia
en las calles del vecino,
en sentir muerto el destino

de vivir los días en paz,
de encontrar que hay algo más
que la sangre derramada
por tu tierra negociada

entre narcos y el gobierno
que trajeron este infierno,
te obligó a auto defenderte
para no encontrar la muerte.

Ahora apunta su armamento
el ejército violento,
no te pudo defender
y te quiere detener.

Mas ya estás harto mi hermano,
no quieres bajar la mano,
quieres que se recupere
ese Estado que se muere.

Ese Estado en que han fallado,
que ha sido mal gobernado,
prefirieron el dinero
a ver un Estado entero.

Corazón del michoacano
es del pueblo mexicano,
ellos fueron los primeros
en dar mil gritos sinceros.

La guerra que ahora se vive
una nueva historia escribe,
es la guerra michoacana
esperanza mexicana.


Texto: Alejandro Rordríguez Castillo.
Ilustración: Manuel Guerrero.

domingo, 22 de diciembre de 2013

El canto de los quetzales




La quetzal cola-rosa, volaba entre la yerba.
Orgullosa, presuntuosa, mostraba su belleza.
Algunas quetzalillas teníanle cierta envidia.
Los machos la admiraban, cuando el vuelo veían.
Ella era la encargada de llevar materiales
para que se crearan escuelas y hospitales.

Cuidaba a los pequeños, también a los enfermos
y todos los de aquel pueblo teníanle mucho afecto.
Al vuelo y con las luces, brillaba su plumaje,
y miles de quetzales, de todos los lugares,
buscaban la conquista de aquella quetzalita.
Mas ella criticaba, veía en todos rivales
y todos se envolvían en sus propias mentiras.
El uno que era avaro, el otro vanidoso,
uno muy arriesgado y el otro temeroso.
Y todos con engaños buscaban la conquista
de la de plumas rosas, la de las alas finas.
El tiempo no fue largo para desilusiones
y en unos pocos meses, cansóse de dolores.
Aquella quetzal rosa quería viajar muy lejos,
volar con otras flores, cumplir todos sus sueños.

De tierras muy lejanas, volaba a toda prisa
un queztal cola aqua, con plumas esmeralda.
Cruzó mares y ríos, cruzó lluvias y brisas,
cruzó valles y campos, y cientos de montañas.
Y mientras Quetzal-rosa, bailaba en una fiesta
con muchos invitados, con vino y con orquesta.
Todos en ese bosque querían ver la partida
de aquella quetzal rosa, por todos tan querida.
En ese mismo instante llegaba de su viaje,
el quetzal esmeralda, cansado y sin aliento.
Buscó algún buen refugio, posóse en el ramaje
y ahí desde lo lejos miró con desconcierto
de tanta fiesta y gente, a la de plumas rosas.
 Admiróse de repente al ver tanta belleza
y mientras descasaba miró la grande fiesta.
Un ruido que a lo lejos rompió con el festejo
causó tal confusión que todo fue silencio.
Un monstruo de dos piernas y de pocos cabellos
domaba a dos halcones nacidos por el fuego.

Buscó que sus mascotas viajaran por la yerba
y en un vuelo directo cazaron cada tronco,
hasta que sin aviso llegaron a la fiesta.
Las aves de escarlata, dejaron plumas-fuego,
plumaje de los soles, veneno del ramaje.
La quetzal pluma-rosa, temió por todo el pueblo,
salió de pronto al vuelo, directo hacia un estanque.
Valióse de unas hojas para llevarles agua
que echó sobre las plumas color fuego-escarlata.
Al verla en tal peligro, el quetzal  esmeralda
salió pronto a ayudarla, bañó de tierra el fuego
y juntos los quetzales mataron el incendio.
La bestia sin cabellos, huyó en aquel instante,
pues vio cerca el ataque de tantos animales.
Mas un halcón furioso, sediento de venganza,
buscó a la quetzal rosa, tocóle con sus alas.
En ese mismo instante cayó la quetzalita,
con todo su plumaje volviéndose cenizas.
El quetzal esmeralda salió pronto en su ayuda,
mas no pudo hacer nada, ella no respiraba.
Con los ojos llorosos, el quetzal cola-aqua
quitóse aquel plumaje que el cuerpo le adornaba,
con él hizo un abrigo para su enamorada.
Todos los de aquel bosque lloraron el suceso
e hicieron gran sepelio a la que se había muerto.
El quetzal, ya sin sus plumas, lloraba a las estrellas.
La noche, a su romance, le dio pequeña ofrenda:
que cuando hay luna llena regrese su plumaje
y junto a las estrellas, vuelva la vida de ella.

Así con cada luna, canta el quetzal desnudo,
hasta que está completa y cumpla su promesa.
En cada luna llena se ve en medio del bosque
a la bella pareja que sigue el mismo rumbo.
Quetzal cola turquesa y la de plumas rosas,
llenando de colores el manto hecho de estrellas.


Texto: Alejandro Rodríguez Castillo.
Ilustraciones: Manuel Guerreo.

lunes, 16 de diciembre de 2013

La muerte del dios Eros




La decisión de retirarse no era algo que el Amor se había tomado a la ligera, sin embargo, cuando se fue lo hizo en silencio y sin avisar a ninguno de los otros dioses, ni siquiera a su mejor amiga la Locura. A nadie informó sobre su inconformidad, el Amor quería irse a su retiro lo más pronto posible y sin llamar la atención, quería evitar ser detenido.
Por fin se había hartado de como se le trataba, pues lo relacionaron más de una vez con diversos sentimientos impuros como el odio, el rencor o la venganza. Lo que más le dolía era cuando lo satanizaban, dándole la categoría de un demonio. ¡A él! Uno de los dioses más puros y de una categoría extremadamente elevada entre sus hermanos y hermanas.
Estos tratos llevaban siglos, pero a últimas fechas se sentía más y más ofendido. Como cuando la ciencia descubrió aquellas armas básicas utilizadas por el Amor para su trabajo y creyeron haber encontrado el origen del universo. Serotonina y dopamina eran sólo unas órdenes que el dios daba al cerebro humano para hacer su trabajo más fácil, se trataban de un recurso complicado, pues esta arma sólo duraba, a lo mucho, dos años.

Aun así los científicos chaqueteros y obsesivos del trabajo justificaban su misantropía por medio de aquel descubrimiento tan banal. No se daban cuenta, era su falta de contacto humano lo que no les permitía encontrar el amor. Lo peor era el apoyo dado por aquellos cobardes temerosos de volver a enamorarse, decían como pretexto “son las neuronas, ya se me pasará” y así evitaban el riesgo.
Tal vez esto último se debía a que uno de los mayores problemas personales del Amor era su espíritu de adolecente. Es bien sabido por todos, los adolescentes cometen estupidez tras estupidez, pues les encanta experimentar en su búsqueda de cosas nuevas, por eso muchas veces el Amor se había equivocado en su intento por juntar a una pareja que no estaba destinada a congeniar. Esto, sumado a que varias veces y de diversas formas el hombre e incluso otros dioses, habían utilizado al Amor como arma o un medio para alcanzar sus metas y ponían a este dios en una situación delicada.
A pesar de todo, el dios encontraba inaudita la forma como se le trataba y un día simplemente desapareció sin despedidas o avisos. Aun así nadie le dio importancia a este hecho, a decir verdad tardaron en notar su ausencia. Fue hasta pasada una semana, cuando todas las noches, los hoteles de paso comenzaron a llenarse sin darse abasto, los estacionamientos parecían burdeles, las canciones de amor dejaron de ser populares y la gente comenzó a vivir en un estupor irreconocible, que los dioses notaron la ausencia de su integrante más puro.
Sólo el Amor de una madre, pariente cercano del desaparecido, seguía rondando por ahí. Pero sin el Amor Eros, ella simplemente se volvería lastre con el tiempo. ¿Quién más iba a juntar parejas para que formaran una familia? Sólo el Amor Eros  podía crear esa génesis que mantuviera a los seres humanos vivos.
Al darse cuenta de esto, todos los dioses decidieron emprender la búsqueda del Amor. Pasaron meses convertidos en años y  fue hasta la primera década de buscar inútilmente, la Locura encontró al Amor en una isla de hielo, congelado en un enorme bloque de cristal y sin esperanza de volver a inundar al mundo con su magia. Cuando llegaron los demás dioses, se hizo oficial la noticia: el Amor ha muerto.

El acto de despedida fue solemne, conservaron el cuerpo del dios con la esperanza de regresarle sus fuerzas, pero con el paso del tiempo, tanto los dioses como los seres humanos se acostumbraron a estar sin él. Incluso el Amor de una madre aprendió a acoplarse, pues sobrevivía con las migajas de aquellos embarazos de calentura prematura o condones rotos y a pesar de que muchas veces los infantes no llegaban al nacimiento, cuando algún pequeño veía la luz del día, esta diosa hacía acto de presencia por una corta temporada.
Así fue como la Tierra estuvo sin el Amor durante muchos años. Los poemas, canciones y el arte en general ya no hablaban de este sentimiento, en la política dejaron de utilizarlo como arma y aunque muchas veces se usó la carne para cumplir algunos cometidos, nunca volvió a arder una Troya como la de Helena. La venta de condones creció al por mayor, pues la promiscuidad era mucha, el sexo se volvió precoz, pues ya no existía la seducción erótica o amorosa, el deseo de crear un compromiso era nulo  y la tasa de natalidad decayó bastante. Ya nadie lloraba por estar solo, por ser rechazado o confundido y fuera de todo esto, el mundo, tanto terrenal como metafísico, se mantuvo estable sin el Amor.
La  tranquilidad y escases de afecto reinaban en el mundo, pero los curiosos jóvenes comenzaron a tener ciertas inquietudes,  provocadas por las historias de los nostálgicos ancianos, quienes a pesar de llegar a una madurez plena y gloriosa, en su lecho de muerte sentían una soledad inexplicable y se iban de este mundo con una lágrima de melancolía en el rostros, así fue por generación en generación. 
Fue cuestión de tiempo para la llegada de aquella generación digna de la rebeldía juvenil, la que ya no pudo soportar esa inquietud que les invadía y tuvo que ir en contra de las reglas dictadas incluso por sus propios padres.
Los libros de poesía dejaron de ser un mero instrumento de estudio sobre el pensamiento filosófico de la antigüedad y pasaron a ser libros de literatura, hacían pensar a los jóvenes y les despertaban ciertos sentimientos. Incluso existieron aquellos atrevidos que tuvieron el valor de crear sus propias obras.
Hubieron parajes decididas a mantener una monogamia, al principio se burlaban de ellas, luego fueron admirables. Aquellos que mantenían un noviazgo mayor de seis meses eran extraordinarios, ya no se diga de los que duraban incluso hasta años, estos eran un tema de conversación en todas las fiestas.
En las radios se escuchó el renacimiento de la música romántica, la estructura era  simple y las letras contenían metáforas escasas, pero eran dedicadas en todas las preparatorias e incluso universidades. El arte tuvo un renacer amoroso, pinturas, libros, danzas u obras teatrales inundaban el mundo con leyendas románticas.  Se daban peleas por alguna persona en especial o rituales de conquista. Los jóvenes buscaban algo nuevo, el hueco en sus pechos se había llenado.
En los adultos nació el miedo a lo que era desconocido para ellos, la mayoría no tenían hijos y observaban a los jóvenes como una amenaza, la cual debía ser erradicada. El discurso en casa de los pocos padres que no mandaron a sus hijos a un internado era el mismo: “no sabes en lo qué te metes”, “deja ya esas tonterías, sólo te buscas problemas de a gratis”, “cuando crezcas entenderás”, los regaños se repetían una y otra vez en todos los hogares.

Los rebosantes internados habían tomado medidas más severas: castigaban con labores excesivas a todo aquel que fuese descubierto con alguna nota de amor, libros de poesía o discos de música cursi. Incluso algunas estaciones de radio en los países más conservadores fueron sancionadas por pasar estas piezas, las trasmisiones de las canciones se hacían de forma clandestina, de mismo modo los conciertos de las bandas. 
Incluso algunos gobernantes comenzaban a temerle al renacer de esta nueva doctrina, en cambio existían otros países cuyos dirigentes incluso alentaban el renacer del amor. Ideales y pensamientos diversos chocaban en todo el mundo. Algunos pensaban que el sentimiento estaba obsoleto, otros que era, en esencia, necesario e incluso obligatorio para el ser humano. Nadie lograba ponerse de acuerdo cuando se hablaba del amor.
Los dioses notaron este problema entre los hombres, entonces en ellos nacieron los mismos sentimientos encontrados. Algunos deseaban ver qué pasaba, otros decían que el Amor había muerto desde hacía siglos y era mejor mantenerlo así. Luego de varias semanas de discutir el tema, se tomó una decisión: el Amor debía ser eliminado de una vez por todas.

Fueron los tres dioses más sabios y viejos quienes fueron a buscar el cuerpo del Amor, pero cuando llegaron al lugar dónde lo tenían escondido no encontraron nada, una vez más el Amor había desparecido. Sin embargo, esta vez hubo algo en los seres humanos que mantenía las esperanzas con vida, pues ahora, en las canciones, los poemas, el arte en general, los besos y las esperanzas, se sentía el corazón latente del Amor, sediento de manifestarse una vez más.

Texto: Alejandro Rodríguez Castillo.
Ilustaciones: Manuel Guerrero.